Sobre mí

Nací en 1961 en Arenys de Mar (Barcelona) en la enorme casa de mis abuelos donde vivía toda la gran familia, padres, abuelos, hermanos, primos y hasta teníamos sitio para alquilar a trabajadores de la construcción que en aquella época emigraban desde el Sur.

Mi niñez fue tranquila, mis padres tenían una relación inmejorable. Mi madre, de un carácter muy fuerte, se hacía cargo de todo. Mi padre, un hombre trabajador y sin vicios, tranquilo y dedicado a la familia. A pesar del protagonismo de mi madre, la vi confiando en su marido en los momentos que escapaban a su control. Una buena combinación.

Eran tiempos de potentes cambios y estaban en marcha grandes transformaciones sociales.

En medio de numerosos estudios personales, espoleados por mi curiosidad incipiente y gracias a la guía e insaciable sed de conocimiento de mi querido amigo Santiago Jubany, aprendimos con fruición todo tipo de conocimientos y asimismo experimentamos fuerte y vehementemente innumerables situaciones buenas y malas, pero siempre trascendentes al mero hecho social y cotidiano.

Con 14 años, encuentro el movimiento Hare Krsna de Srila Prabhupada y pienso que eso es lo que realmente me importa y que va a ser la base de mi vida; de alguna manera lo sé. Sé que no pertenezco al mundo y a la sociedad ‘normal’.

Mi madre fallece cuando tengo 18 años y esto me muestra la fragilidad de la vida humana. Una mujer luchadora, con cuatro hijos, con una vida intensa y una niñez en la posguerra en España, se quiebra a los 49 años; parece que todo desaparece con la muerte.

Eso me hace consciente de que tengo que tener el coraje y vencer el temor a abrazar mi propia vida, clara en su dirección, pero totalmente desconocida para mí.

Me asalta la duda entre abandonar a mi padre recién viudo y a mi hermano pequeño o cumplir mi fuerte llamado. En ese momento era la columna vertebral de mi casa, un joven ayudando a mi padre en las tareas de casa y atendiendo a mi hermano pequeño.

Me convence para dar el paso un determinado pasaje de los Vedas que asevera que si uno se entrega a Dios, no tiene deudas con su familia, sociedad, etc.

Hablo con mi padre y me da permiso para irme. Una gran enseñanza y una muestra de amor verdadero por su parte: él le dio más importancia a que yo estuviera feliz que a sus necesidades y deseos. Un verdadero y glorioso ejemplo.

A los 19 años, en Marzo de 1981, me voy de casa y me entrego como monje Hare Krsna en la granja Nueva Vrajamandala. Estoy siguiendo feliz mi destino hacia lo desconocido. A los pocos meses, mi padre encuentra una pareja que posee cualidades idóneas para reemprender su vida. Eso me confirma mi buena decisión y también, de paso, que nadie es imprescindible.

La vida de monje no fue fácil, mucho sacrificio y renuncia total, pero había una dulzura y paz impagables en abandonar todo por un ideal y usar todas tus energías en intentar ayudar a los demás.

Además había espacio para el estudio de obras trascendentes, y la austeridad ayudaba a la reflexión y alimentaba la comprensión. También fue época de camaradería y experiencias extraordinarias con mis hermanos monjes, viajando por toda España y a veces el extranjero, peregrinando a la India y conociendo sus misterios…

Después de ocho años de monje, me casé con Yukari y me encontré con el mundo ‘real’. Tuve la suerte de adaptar mis actividades de monje a mi vida de casado y no perder los ideales, al ser mi trabajo el mismo que el que hacía de renunciante. Antes lo entregaba todo, ahora lo usaba para subsistir independiente y mantener a una familia en ciernes.

Sobre el año 1994 fundo un templo en Tenerife. Parece que todo va bien. Mi propio centro, mi vocación, mi mujer adorable y al poco tiempo ella queda embarazada de un hijo deseado….

Las autoridades religiosas me echan del templo que empecé desde cero, por políticas alimentadas por indiscreciones mías. Nos independizamos. Al poco tiempo, nos planteamos buscar un lugar ideal para la educación de nuestros dos queridos niños Aryuna y Nitai que ya tienen 4 y 2 años.

Yukari enferma de cáncer, la operan y empieza una época centrada en su curación. Emigramos a Australia por la oferta de una escuela maravillosa y buscando darle la vuelta a la situación angustiosa de su grave enfermedad.

Mi mujer fallece allí, me quedo todavía otros 3 años por la situación maravillosa de la que disfrutan mis hijos, en una escuela y granja en la hermosa naturaleza de Murwillumbah, un pueblo en el noroeste de Australia.

Vuelvo a España y crio a mis hijos por mi cuenta.

Ahora entiendo muchas cosas que me atormentaban los últimos años, incluida la psicología del ostracismo feroz al que los líderes de mi propia comunidad me sometieron a principio de los años 90 por causa de mi indiscreción y la denuncia pública de algunos hechos controvertidos que ocurrieron en años anteriores.

Mi viaje termina, regreso al lugar donde comencé. Con mis hijos ya adultos y con su vida independiente y mi familia reducida a unos buenos hermanos muy ocupados con su vida diaria, estoy solo.

Es como si hubiera sobrevivido y vuelto al punto de partida con una visión transformadora, fruto de mi experiencia, que trato de extender a mi alrededor.