El deseo de servir

Si guardas en tu mente una representación de ti mismo como un ser acosado por el miedo y derrotado, debes expulsar esos cuadros mentales y proteger tu cabeza de esas malas influencias. Son cuadros falsos, y la falsedad debemos expulsarla de nuestra mente. 

Dios nos ve como a hombres y mujeres con quienes, y a través de quienes puede hacer una labor inmensa. Nos ve como a seres sensatos, confiados y alegres. No nos contempla como a víctimas patéticas de la vida, sino como a maestros del arte de vivir; no como a seres que buscamos la compasión de los otros sino como a individuos que impartimos ayuda a los demás.

Nos ve como sujetos que cada vez pensamos menos en nosotros mismos, que nos interesamos por todo lo existente y nos manifestamos amorosos, sonrientes y poseídos del deseo de servir.