El poder de visualizar el resultado 

Primero tienes que imaginar el resultado, “verlo”.

Un ejemplo práctico: estamos organizando un festival de música y yoga para el verano y lo primero que tenemos que hacer es imaginar el festival, con su escenario, área de camping, gente procedente de diferentes lugares, conciertos, baños, cocina industrial, seguridad, etc.

A partir de ahí, tenemos dos cosas. Lo que tenemos ahora y lo que queremos que suceda. Y ahora solo se trata de llenar los espacios y espacios entre los espacios.

La mente es una herramienta muy útil para esto. Naturalmente busca “llenar” esos espacios; por eso es importante tener un objetivo y un punto de partida.

Después de la lluvia de ideas, identifica los proyectos como “instalación de la tarima”, “hacer página web”, “artistas”, etc. que a su vez pueden tener subproyectos, por ejemplo en los artistas un proyecto para cada artista y finalmente identificar las acciones concretas dentro de cada proyecto .

Curiosamente, sin importar lo grande o complejo que el proyecto pueda ser, siempre terminas con una lista de pequeñas acciones como llamadas telefónicas, buscar en Internet, ponerse en contacto con alguien, comprar algo…

Así, un proyecto aparentemente difícil se convierte en una serie de acciones concretas identificadas en el tiempo y el espacio.