Una tarde con «iluminados»

El otro día asistí a un taller que consistía en leer el libro Shambala, que explica y propone una sociedad ideal. Hice el primer comentario señalando a la audiencia que intentar vislumbrar como ir de donde estamos a esa situación ideal sería una conversación más interesante.

De inmediato un 80% de los asistentes empezaron a atacarme señalando que yo tenía un problema porque estaba buscando un acercamiento lógico y pragmático.

Empezaron a, básicamente poner la subjetividad por encima de la objetividad y la típica retahíla de los “iluminados” que todo está bien, que todo es relativo. Una persona dijo “antes me hacía preguntas pero ahora ya no me hago ninguna pregunta y estoy mejor”.

Se desprendía de su relato que hubiera alcanzado una especie de estado iluminado. Se desencadenó una tormenta de historias similares, con un mismo denominador común, la relatividad como supuesta panacea para todos los males.

Me quejé de que porqué todo lo que decían las personas estaba bien menos lo mio, porque eso no se corresponde con la propia filosofía de «todo está bien». No siguen las premisas de su enunciado.

De ahí se pasó rápidamente a insinuar (y no tanto) a que necesitaba terapias, que tenía un problema.

No me conocían de nada, pero súbitamente asumieron que tenía un problema de carácter estructural.

Incluso una dama que se hallaba sentada a mi lado se ofreció a hacerme terapias. Le pregunté qué tipo de terapia hacía y al no saberme contestar, pues como buena alumna del subjetivismo no tenia absolutamente ningún método, ni ha estudiado nada en concreto, todo era lo que le venga a la cabeza en el momento. Pues como no me supo decir que método sigue o que hace exactamente, la espeté que muchas gracias, pero no me interesa.

La conversación siguió. Me siguieron atacando y les informé que lo que estaban haciendo no era válido en una discusión filosófica. Es una falacia llamada ad hominem, que quiere decir que usas como argumento el ataque al carácter del oponente. Estaban insinuando que me faltaba algo, que tengo un problema mental o un problema de ese tipo.

Después de varias historias personales que en realidad no aportaban prácticamente nada o eran pura fantasía, alguien me preguntó “y tu.. ¿cuál es tu meta, tu objetivo?”

Quizá era una pregunta trampa, pensando que yo tampoco lo sabía y quedaría en evidencia.

A lo cual conteste muy sucintamente que mi meta es llegar al mundo espiritual, un mundo que es el verdadero, que se diferencia de este mundo material, temporal y lleno de dualidad, pero en el que también hay relaciones. Somos personas espirituales con sentidos espirituales y disfrutamos con Dios eternamente. Esa es mi meta y si ustedes tienen alguna mejor me lo dicen y me cambio.

La conversación acabó bien, a pesar de que al principio hubo bastante oposición negativa y yo no me bajé del burro, ni ofreci tregua ni cuartel (mi pecado es la vehemencia y el orgullo).

Al final dije que aunque tengo razón, os doy las gracias porque he aprendido a ser un poco más tolerante. Hubo aplausos generales.

Esa filosofía de que todo está bien, que no hay una verdad única sino muchas, ha hecho mucho daño al proceso espiritual de la gente.

Se contradice porque esa misma afirmación que hace es excluyente de, por ejemplo el método científico.

Algunos participantes describieron sus experiencias espirituales poco menos insinuando que habían llegado a un estado superior de conciencia y yo les dije (a tenor de los relatos) que no confundieran el mero primer despertar de la conciencia con la Iluminación.

Hubo muchas frases sin sentido, inventadas y carentes de valor filosófico, como “eres iluminado cuando ya no sabes lo que es”, “nunca ha habido nadie iluminado” y otras perlas.

Dije que «si Uds tienen razón yo debo ser un total idiota, pero si la tengo yo, Uds tienen un serio problema.»

La propia naturaleza del “todo está bien” impidió que la cosa se pusiera mas personal. De algo sirve el relativismo galopante. Realmente estaba siendo atacado personalmente y encima alguien me dijo “espero que no te sientas atacado, que no lo tomes personal”.

Bueno, ¿cómo te sentirías si un grupo de desconocidos cuestionan tus capacidades mentales?

Afortunadamente esta no era mi primera batalla ni mi primera guerra, sin embargo, si contra un grupo de “iluminados” y en su propio terreno. Al final, como suele ocurrir en estos casos, probablemente el que más he aprendido he sido yo.